Ni acudir a un médico privado, ni comprarme ropa de marca, ni poder viajar, ni tener varias casas o kilógramos de joyas ha simbolizado para mí el bienestar económico visto según un niño tanto como los helados.
Desde que me acuerdo de aquella historia del padre que, enfadado a falta de cerveza en un bar en un parque, a la pregunta de su hijo pequeño de si le compraba un helado le respondió que "una mierda te voy a comprar" (de tal forma que el pobre chiquillo se puso a llorar), han sido siempre un mito en mi familia. Eso cuando todavía vivía en el país donde los parques son verdes.
He pasado de no comer helados a atiborrarme de ellos, pasando por pedirme siempre los más baratos o directamente no tener dinero. Y ahora que me he hartado de ellos, y, aunque, si algún día tengo hijos, jamás le negaré uno, me he dado cuenta de que, si bien no está mal tomarse uno de vez en cuando, no son lo más importante en la vida.
Y como me gustaría que la gente llegase a pensar lo mismo que yo.
Desde que me acuerdo de aquella historia del padre que, enfadado a falta de cerveza en un bar en un parque, a la pregunta de su hijo pequeño de si le compraba un helado le respondió que "una mierda te voy a comprar" (de tal forma que el pobre chiquillo se puso a llorar), han sido siempre un mito en mi familia. Eso cuando todavía vivía en el país donde los parques son verdes.
He pasado de no comer helados a atiborrarme de ellos, pasando por pedirme siempre los más baratos o directamente no tener dinero. Y ahora que me he hartado de ellos, y, aunque, si algún día tengo hijos, jamás le negaré uno, me he dado cuenta de que, si bien no está mal tomarse uno de vez en cuando, no son lo más importante en la vida.
Y como me gustaría que la gente llegase a pensar lo mismo que yo.
Ellas, por ejemplo, se apañaban con un chupa-chups...
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