Siempre había pensado que aquellas conversaciones fantasmas que mantienes con un desconocido y te marcan para el resto de tu existencia son un mito de bohemios. Hasta que se me acercó una yonki cani en la estación de autobuses de Murcia...
Sinceramente y prejuzgando por las pintas, pensaba que me iba a pedir dinero, porros, o, lo que es peor, un cigarro.
= Killa, ¿a qué hora sale tu autobús?
# A las cinco menos veinticinco.
= Ah, entonces no es el mismo que el mío. El mío sale a las cuatro y treinta y cinco.
# Sí, ¿no? No sé, yo voy a Mojácar, ¿tú adónde vas?
= A Málaga. Es que no sé cuánto tarda en llegar.
# Pues depende de cuántas paradas haga. Yo una vez llegué a pasar cuatro horas en el autobús yendo a Granada.
= Sí, pero Málaga está antes que Granada, ¿no?
# Yo creo que no...
Y aquí hemos el razonamiento definitivo...
= Pues si vamos en el mismo autobús y Mojácar está en Almería, y Málaga está debajo de Almería... Hostiaaa... Pues tampoco tardará tanto.
Imagínate mi cara de póker. Juro que toda esta conversación ha sido real y me ha marcado para el resto de mis días. No como el vagabundo que se nos acercó en la playa y nos contó su vida de artista bajo el nombre de El de las Cabras...
Esta mujer por lo menos me hizo descubrir lo que es la compasión.
Sinceramente y prejuzgando por las pintas, pensaba que me iba a pedir dinero, porros, o, lo que es peor, un cigarro.
= Killa, ¿a qué hora sale tu autobús?
# A las cinco menos veinticinco.
= Ah, entonces no es el mismo que el mío. El mío sale a las cuatro y treinta y cinco.
# Sí, ¿no? No sé, yo voy a Mojácar, ¿tú adónde vas?
= A Málaga. Es que no sé cuánto tarda en llegar.
# Pues depende de cuántas paradas haga. Yo una vez llegué a pasar cuatro horas en el autobús yendo a Granada.
= Sí, pero Málaga está antes que Granada, ¿no?
# Yo creo que no...
Y aquí hemos el razonamiento definitivo...
= Pues si vamos en el mismo autobús y Mojácar está en Almería, y Málaga está debajo de Almería... Hostiaaa... Pues tampoco tardará tanto.
Imagínate mi cara de póker. Juro que toda esta conversación ha sido real y me ha marcado para el resto de mis días. No como el vagabundo que se nos acercó en la playa y nos contó su vida de artista bajo el nombre de El de las Cabras...
Esta mujer por lo menos me hizo descubrir lo que es la compasión.
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